“Tiempos y formas planteadas para que no se conozcan a fondo los contenidos de los proyectos legislativos, proscritas las discusiones especializadas en las comisiones, sofocada cualquier posibilidad de contrapunto que produce el verdadero debate en el pleno (…). El gran objetivo: que haya poca posibilidad de identificar las trampas de la ley, las regresiones, los abusos, que los legisladores en su conjunto no se enteren en ese momento, porque el saber compromete.”

 

Mandarinato Legislativo

Javier Corral Jurado

 

Javier Corral Jurado, senador

Javier Corral Jurado, senador

www.javiercorral.org

Publicado: miércoles 30 de julio de 2014

Porfirio Muñoz Ledo llamó “mandarinato” al sistema de apropiación de la vida parlamentaria a manos de un reducido grupo de legisladores que manejan a su antojo los métodos de procesamiento de las iniciativas, los dictámenes y las formas de discusión de las leyes en el Congreso. En efecto, nunca como ahora la figura de aquellos burócratas de la China Imperial, es emulada por los coordinadores parlamentarios en ambas cámaras del Congreso, con una diferencia esencial, nuestros mandarines tienen su principal instrumento de operación en el dinero, no los conocimientos que los hacen selectos entre los escogidos.
 
El mandarinato parlamentario mexicano tiene su modus operandi en las canonjías que dispensa, los viajes que confiere a los legisladores bien portados, los asesores que les autoriza, los bonos por asistencia, las compensaciones por trabajo nocturno, los préstamos, el mes trece, el catorce o el quince como complemento del aguinaldo. El hecho de que los coordinadores parlamentarios en el Senado operen bajo absoluta secrecía miles de millones de pesos, los hace campeones de la operación política-legislativa; si fuera a partir de ideas, argumentos o discusión de conceptos, serían un fracaso. Con la excepción que representa Manuel Bartlett, tanto en el pleno como en la Junta de Coordinación Política, los coordinadores parlamentarios están desprovistos de proyectos reformadores, pero les sobran los millones.

Sólo bajo esta dinámica se entiende que las cámaras del Congreso, pero especialmente el Senado de la República, se permitan el trato indigno a que los someten los coordinadores parlamentarios y unos cuantos legisladores más, conocidos como “la burbuja”. Tiempos y formas planteadas para que no se conozcan a fondo los contenidos de los proyectos legislativos, proscritas las discusiones especializadas en las comisiones, sofocada cualquier posibilidad de contrapunto que produce el verdadero debate en el pleno, jornadas extenuantes, sesiones sucesivas sin espacio para el estudio o la preparación, votaciones de madrugada. El gran objetivo: que haya poca posibilidad de identificar las trampas de la ley, las regresiones, los abusos, que los legisladores en su conjunto no se enteren en ese momento, porque el saber compromete. Ocultar la dimensión exacta de lo que se legisla.

El procesamiento en el Senado de las leyes secundarias en Telecomunicaciones y Energía, son un rosario de este deterioro, en evolución hacia lo peor de cualquier época que se recuerde. Como nunca se han atropellado las reglas básicas de nuestra normatividad, tanto la ley orgánica del Congreso y el reglamento, a un lado se han hecho las prácticas parlamentarias. En la reforma energética las comisiones acordaron un método de discusión contrario a la ley, pasar a la discusión en lo partícular de reservas que se empaquetaron para ser expuestas en quince minutos, sin haberse votado en lo general los dictámenes. La práctica parlamentaria ha sido invariablemente la de votar los proyectos de dictamen primero en lo general y posteriormente discutir en lo particular las reservas que hayan hecho los legisladores.

Las comisiones, en lo general, son los órganos especializados del Senado de la República en las que sus análisis y puntos de vista enriquecen las propuestas legislativas a dictaminar. Derivado de esta circunstancia el debate en las comisiones es más intenso que en el propio Pleno ya que la discusión se da a partir de elementos técnicos y el intento de acercar una posición que sea aceptada por la mayoría de los Grupos o por los representantes populares. En la legislación de Telecomunicaciones se llegó al extremo de acordar eliminar toda discusión de reservas, ni siquiera en paquete. Simplemente se enlistaron los artículos reservados y se enviaron directamente al pleno, donde por supuesto no se aceptó ninguno a discusión.
 
 La normatividad del Senado en distintos momentos, establece que es la Ley y el Reglamento los que norman su actuar y en lo no previsto por estas disposiciones se resolverá por Acuerdos Parlamentarios particulares. Dichos acuerdos jerárquicamente son menores a la Ley y al Reglamento y tienen un carácter temporal.  No se puede  sustituir las obligaciones legales y procedimentales con acuerdos de Comisiones.
  
El Procedimiento legislativo tanto en sesiones del Pleno, como en sesiones de comisiones, es fundamental respetarlo, ya que el Senado es un órgano compuesto por iguales o pares, donde las mayorías deben respetar a las minorías. Pretender obviar la discusión de los artículos reservados, bajo el método de “bloque” o suprimir definitivamente la discusión de estos, es ilegal y absolutamente contrario a la práctica parlamentaria.
 
Ni la discusión de la legislación en Telecomunicaciones, ni la llamada reforma energética, estaban dadas en una circunstancia que ameritara aminorar el tiempo de deliberación, mucho menos eliminar la discusión en comisiones, por el contrario la naturaleza de las iniciativas obligaban a debates amplios y profundos dado las enormes repercusiones económicas y sociales que tendrán para el país. Ya irán saliendo poco a poco, los asaltos de la nocturnidad legislativa.

 

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