“Como parte de la audiencia interesada en la calidad de las transmisiones de la TV, no hemos dejado de observar la falta de respeto y el sometimiento a que estamos sujetos los televidentes, debido a nuestra nula participación en la decisión sobre los aspectos que hacen posible la elección y organización de la programación a que tenemos acceso.”

 

“SHERLOCK” en pedazos: Buenas realizaciones para la TV vs. mal tratamiento televisivo 

VILLA-TV por Ciber V. V.

 

Martin Freeman (Watson) y Benedict Cumberbatch (Sherlock), geniales  protagonistas de la exitosa serie. Foto: Tomada de Internet

Martin Freeman (Watson) y Benedict Cumberbatch (Sherlock), geniales protagonistas de la exitosa serie. Foto: Tomada de Internet

Publicado: jueves 12 de junio de 2014

Como parte de la audiencia interesada en la calidad de las transmisiones de la TV, no hemos dejado de observar la falta de respeto y el sometimiento a que estamos sujetos los televidentes, debido a nuestra nula participación en la decisión sobre los aspectos que hacen posible la elección y organización de la programación a que tenemos acceso. Televisión Azteca y Televisa, con arrogancia, pasan o dejan de pasar los programas que ofrecen al público; repiten y vuelven a repetir las producciones que quieren; y nos limitan a conocer los temas, fenómenos o trabajos que prefieren. Un ejemplo cercano de las novedades y su mal tratamiento televisivo fue Sherlock, estupenda realización inglesa basada en los relatos de Sir Arthur Conan Doyle, que este año Proyecto 40 transmitió no sólo con los odiados comerciales, sino en pedazos de capítulo semanales: fue un insulto para todos, pero más para los viejos y nuevos conocedores de la magnifica obra del escritor. 

Pero hablar de Sherlock, nos obliga a recordar que desde el 2003, nos abstuvimos de ver la programación del Canal “Proyecto 40”, debido a que en diciembre del 2002, el sector empresarial representado por TV-Azteca, usurpara los derechos del Estado mexicano y utilizara un comando armado particular para ocupar las oficinas del “Cerro del Chiquihuite”, sitio que por concesión estatal empleaba el antiguo Canal 40 para su transmisión. Con armas en la mano custodiaron a todos los empleados y al lugar de trabajo, sin que el expresidente Vicente Fox formalizara, ni en el momento ni con posterioridad, sanción alguna: nunca se esclareció el hecho. Fue Salinas Pliego, propietario de grandes negocios como Salinas y Rocha, Banco Azteca y TV-Azteca, quien se atrevió a usar las armas para doblegar al personal y a la directiva del canal, de su entonces dueño J. Moreno Valle, debido al supuesto incumplimiento de contratos que éste había firmado con su empresa. 

Y fue por  Sherlock, la bien pensada y elaborada serie inglesa sobre el brillante detective Sherlock Holmes y su querido socio Watson, exhibida cada jueves a las 10.30 de la noche, que después de nueve años flexibilizamos nuestra posición: no queríamos perdérnosla. Pero para quienes no lo sabían, Proyecto 40 empezó a transmitirla en el 2013, y lo hizo, como corresponde a una realización de esta calidad, pasando aún y con comerciales, un capítulo completo de más de una hora. ¡Oh, decepción!, al termino de la segunda temporada, todo cambió; habían rebasado el rating necesario y en el 2014 podían pasar a Sherlock, seccionado. Además de repetirnos las dos primeras temporadas antes de exhibir la tercera, tuvimos que ver semanalmente los capítulos a la mitad; lo cual fue desastroso para los que admiramos el género y genio literarios, así como su actual recreación televisiva, pero muy conveniente para el Canal, pues “dobleteó” el tiempo de emisión y la audiencia capturada frente al televisor. 

Con esta experiencia podemos confirmar que el tratamiento que reciben las buenas realizaciones nacionales y extranjeras en los canales de la televisión privada en México, es cada vez más especulativo y de baja calidad por corresponder con el interés comercial y por responder al interés particular. También es importante decir que el tema no es nuevo; durante décadas el televidente común ha soportado el desprecio que “el duopolio” televisivo le ha demostrado en su versión abierta. Nuestra opinión y participación en torno a los contenidos y su tratamiento, los formatos y su desarrollo, los contratos, el patrocinio y los comerciales, al igual que de los horarios y demás aspectos relacionados con la oferta de las cadenas de televisión, está anulada. Se nos toma en cuenta como números, no como personas, pero además, se nos trata como público para llenar asientos y recibir cualquier cosa como regalo, por participar en sus concursos y espectáculos. Sus encuestas y entrevistas están diseñadas para que la gente reafirme el gusto por lo que le ofrecen, no para conocer sus expectativas o necesidades; mucho menos para atenderlas. 

Por su origen comercial, la TV privada siempre han tenido como meta la venta de productos audiovisuales, lo cual significa que todo su trabajo y cada una de las áreas que lo desarrollan, han estado y están regidos por las reglas del mercado, es decir, por la competencia entre las empresas públicas y privadas que participan en el ámbito específico de las telecomunicaciones. Y como en todos los ámbitos del mercado, el objetivo primero es la ganancia, aunque ésta no se consigue sin la indispensable condición del ahorro, práctica que han envilecido TV-Azteca y Televisa, porque en lo que se han especializado es en el ahorro de la calidad de sus emisiones.

 

 

 

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