¿Por qué la gente repudia a Peña Nieto?

(Del “haiga sido como haiga sido”, al “fuera Peña”)

Elios Edmundo Pérez Márquez

 

Elios Edmundo Pérez Márquez

Elios Edmundo Pérez Márquez

Publicado: 28/11/2012

Sin duda que nos encontramos ante hechos inéditos y, no sólo porque la historia nunca se repite, sino porque estamos ante sucesos y acontecimientos que, en nuestro país, nunca se habían visto y que, sin duda, rebasan todo lo que nos hubiéramos podido  imaginar.

El zafarrancho protagonizado el pasado 10 de mayo por estudiantes de la Universidad Iberoamericana, contra el candidato del PRI a la presidencia de la república, puso en evidencia algo que ya se sabía, que era mucho más que obvio y que, por sabido se callaba: la gente, los electores, el pueblo en general, sienten un profundo rechazo por Peña Nieto; lo cual, no significa que lo odien, sino que, simplemente, no lo quieren.

Resultaría difícil de creer, tomado en cuenta, su prestancia y galanura, sus finos ademanes, las finísimas ropas que usa y su engominado copete, al que no se le movió un solo cabello, ni cuando, en aquella visita a la Ibero, se encontró copado, a las puertas de los baños de damas, con los ojos expectantes y el rostro lívido.

Pero es cierto. De una manera velada, sutil, callada, casi estoica, la gente detesta al que fue abanderado del PRI; que, ahora, es el Presidente electo y, en unos cuantos días, tomará protesta como presidente de todos los mexicanos.

Cierto que, a inicios de la campaña,  por temor, por resignación, por costumbre o por lo que sea, el ciudadano, común y corriente, no lo había manifestado abiertamente y, todo parece indicar que, ese incidente en la Universidad Iberoamericana, fue el detonador que le hacía falta a la gente para mostrar su inconformidad, y hacer público su descontento y repudio hacia Peña Nieto, y decirle todo el sentir de un pueblo agraviado por muchos años.

Lo más importante de todo fue que los estudiantes, encendidos y molestos, por la presencia de tan ilustre personaje, culpable de la matanza y violación de derechos en Atenco, no lo tocaron siquiera. Sí lo insultaron, lo increparon y “le faltaron al respeto”; lo cual, no es ningún delito y, en un país donde siempre se miente y la verdad es lo que difunden los medios, más bien representa un acto lleno de heroísmo y un ejemplo a seguir, sobre todo, viniendo de la parte más sensible de la sociedad: los jóvenes.

No tiene remedio. Enrique Peña Nieto, cachorro del Grupo Atlacomulco, Diputado Local, Gobernador, personaje de telenovela, consentido de las televisoras, es el responsable del turbio manejo que se dio al caso Paulette; de lo oscuro que resultó el fallecimiento de su esposa; es el heredero directo de Arturo Montiel, anterior gobernador, enriquecido en el poder público; es, sin asomo de duda de ninguna especie, el representante de un ominoso pasado que está muy presente en la memoria colectiva.

El intento feroz de Televisa por convertir a Peña Nieto en un producto de primera necesidad, dígase lo que se diga, fracasó, debido  a que, esta empresa televisora, subestimó la inteligencia y el valor de la gente y, al considerarla menor de edad, cometió un craso  error  que le habrá de costar muy caro pues, en la medida que ha pretendido manipular con publicidad mediocre, y engañosas encuestas, lo que logró fue que la ciudadanía cuestionara, analizara, discerniera y, como nunca, actuara en consecuencia.

A nadie le gusta que lo manipulen y si, en determinados momentos, se ha permitido, tal vez haya sido por temor, por ignorancia o por encontrarse en desventaja; hoy, pasadas las campañas, conocidos los resultados, analizados los acontecimientos, y  con el ánimo multiplicado por millones de gargantas, por lo escrito en miles de muros del face book y twitter, y por los puños levantados en señal de protesta, la gente se arriesga, se la juega, lo intenta, y está dispuesta a manifestar su descontento; a no creer en lo que dicen los conductores de televisión; a pasar por encima de la mercadotecnia y hacerse cargo de su destino.

De no ser por las redes sociales, no se sabría nada de la edecán Julia Orayén y, de no ser por las mismas redes sociales, no se hubiera sabido que los estudiantes de la Universidad Iberoamericana expulsaron de su campus a Enrique Peña Nieto, o de su tropiezo, hace un año, en la FIL de Guadalajara, cuando le preguntaron “cuáles eran los tres libros que habían marcado su vida”.

Así como, en las décadas de los 60s y 70s, los estudiantes de diversas universidades realizaban manifestaciones frente a las embajadas de Estados Unidos, en protesta por la visita de algún presidente norteamericano a un país de latinoamericano y le endilgaban el  título de persona “non grata”, hoy, durante las campañas, los jóvenes no perdieron la oportunidad, tomaron las calles e hicieron público su repudio al candidato del PRI, como nunca se había visto en la historia de este país.

El rechazo no ha terminado, y la historia aun está por escribirse. A tres días de que EPN sea ungido con el poder omnímodo, la gente de distintas edades y sexos, de distintas clases sociales, de distintas ciudades del país: la gente, con partidos y sin partidos y, aun en contra de los partidos, se apresta, una vez más, a manifestar su repudio hacia  Enrique peña Nieto.

Gorras, playeras, pegotes, encendedores, sombrillas, relojes, bolígrafos, carpetas, jarras, cubetas, bolsas, chalecos, despensas, tarjetas Monex, dinero en efectivo, láminas, tinacos, varilla, cemento, grava y arena, aunque pueden servir para ganar y avalar una elección, no son suficientes para apuntalar a un país que se nos deshace entre las manos, pero que, por fin, su gente, habida cuenta de su propia historia, ésta y la que está por escribirse, ya aprendió la diferencia entre votar y movilizarse, entre permitir y hacerse cargo de su destino y, sobre todo que, nunca, por ningún motivo, hay que darse por vencido.

eliosedmundo@hotmail.com

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